Sonido Fulgor

sábado, 2 de julio de 2016


1.

Teníamos rituales sencillos
una taza de café,
un abrazo al despedirnos;
buscábamos también prodigios
en el ligero desdoble de los días,
caminábamos a diario,
el amor a ratos,
casi siempre la esperanza.

Hicimos bien poco, la verdad,
apenas alcanzamos a soñar
el día venidero,
apenas un ladrillo acomodamos.

2.

Hubo una puerta
lo sé, como se sabe de un hueso roto
como se sabe el sabor de la saliva,
como se sabe el hervor del agua,
como sabía en la infancia cambiar de nombre,
como supe un día cómo cruzarla.

3.

Días hay
en que vago la ciudad
con temblores en la boca
y quisiera decirle,
al que espera junto a mí
el vagón próximo
decirle: no te conozco
pero te quiero vivo.

Hay días en que pienso
que se iría el temblor
de mi boca y de mis labios
si abrazara al que viene al lado
y le dijera, así como si nada
la guerra no podrá llevarnos…
Pero la mayor parte de los días
solo el temblor del alma.

Diana del Ángel

martes, 28 de junio de 2016

IV

But glorious it was to see, how the
Open region was filled with horses and chariots…

Bunyan, The pilgrim´s progress

Cualquiera que sea la doctrina histórica que se profese (y no soy de los que sueñan en perpetuaciones absurdas de la tradición indígena, y ni siquiera fío demasiado en perpetuaciones de la española), nos une con la raza de ayer, sin hablar de sangres, la comunidad del esfuerzo por domeñar nuestra naturaleza brava y fragosa; esfuerzo que es la base bruta de la historia. Nos une también la comunidad, mucho más profunda, de la emoción cotidiana ante el mismo objeto natural. El choque de la sensibilidad con el mismo mundo labra, engendra un alma común. Pero cuando no se aceptara lo uno ni lo otro –ni la obra de la acción común, ni la obra de la contemplación común-, convéngase en que la emoción histórica es parte de la vida actual, y, sin su fulgor, nuestros valles y nuestras montañas serían como un teatro sin luz. El poeta ve, al reverberar de la luna en la nieve de los volcanes, recortarse sobre el cielo el espectro de Doña Marina, acosada por la sombra del Flechador de Estrellas; o sueña con el hacha de cobre en cuyo filo descansa el cielo; o piensa que escucha, en el descampado, el llanto funesto de los mellizos que la diosa vestida de blanco lleva a las espaldas: no le neguemos la evocación, no desperdiciemos la leyenda. Si esa tradición nos fuera ajena, está como quiera en nuestras manos, y sólo nosotros disponemos de ella. No renunciaremos –oh Keats- a ningún objeto de belleza, engendrador de eternos goces. 

Madrid, 1915

Alfonso Reyes  

domingo, 19 de junio de 2016

Por primera vez sabes que tus ojos te han estado engañando.


***
Me despierto de mi siesta del mediodía
 y veo las sombras
    moviéndose en la tarde
La niebla se desvanece desde el viejo cedro
 y estoy cara a cara
     con la Montaña Haku
Treinta años
 tantos acontecimientos
   fueron y vinieron
Ahora los dejo ir a todos
 y me siento en la quietud
    y estoy quieto

Valle del tigre

Empinadas montañas
profundo valle
nadie encuentra su camino allí
Los tigres se reúnen
y pelean
ferozmente juntos
Los tres santos
cruzando el puente
mano en mano
han confundido el sonido
del agua
con risas

MUSÔ SOSEKI
http://ideasparpado.tumblr.com/


sábado, 11 de junio de 2016

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